Diseñados para memorizar. ¿Qué somos sin un gran almacén de recuerdos?
Conexiones neuronales, sinapsis, impulsos eléctricos que fotografían, transportan y guardan todo lo que nos llama la atención, todo lo que nos puede ser útil y por algún motivo que se escapa a nuestro raciocinio también acoge aquellos acontecimientos que de un escalofrío te recorren la espina dorsal y te hacen derramar una lágrima.
Es triste reflexionar sobre la memoria desde un punto de vista puntilloso porque percibes la importancia que tiene en el ser humano ese gesto tan sencillo que hacemos la mayoría de las veces sin aparente esfuerzo.
Un anciano senil que no reconoce a sus allegados, que no recuerda quién es ni por qué está sentado en un sillón viendo la tele, una persona en la cama de un hospital tras un accidente, al que le llevan flores y lágrimas disfrazadas de sonrisas para que no se agobie al pensar que no será nadie porque no recuerda nada...
No importa si al leer esto mis palabras no se clavan en tu mente más de unos minutos, es innegable de algún modo que lo que ellas susurran no te hagan gritarlo algún día.