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miércoles, 27 de julio de 2011

Noches...

A la derecha no había nada.

Tampoco al otro lado.

Caminas hacia adelante esperando encontrar algo, una señal, un atisbo de luz que paralice todo lo automático de tu ser, que descomponga en segundos toda tu realidad, que haga vibrar tu cerebro para hacerlo reaccionar.

Como la montaña más elevada mirándonos desde la cima, mofándose de nosotros antes de escalarla. Una cascada rompiendo en un apacible pantano, una mano firme y sosegada en el momento oportuno, un cúmulo de sensaciones y de necesidades que no siempre sabemos cómo satisfacer… y eso... eso nos corrompe.

Controlar hasta el más mínimo movimiento, adelantarnos, incluso, a los acontecimientos como si pudiéramos modificar siquiera nuestro ritmo cardíaco sin pestañear, como semidioses terrenales, como las gotas evaporándose en un cuerpo que cree estar vivo.

Anochece, es tarde ya. Una almohada mullida para descansar, para reposar la incesante mente pensante que nos atormenta y nos complica el día a día.

Amanece, la luz entra por la ventana dejando entrever la belleza del exterior… tal vez sí, quizás hoy sea el día de nacer, o ,mejor dicho, de renacer. 
Todos tenemos más de una oportunidad, tan solo hay que saber dónde buscar. Dejar la venda a nuestro lado, no para recaer, si no tan solo para que nos recuerde que somos capaces de resucitar.

2 comentarios:

  1. Luis ^^ Me he acordado mucho de ti al escribir esto.. Por el positivismo que hay entre la oscuridad de las palabras :) (L)

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  2. Me encanta. Simplemente maravilloso :) y más me encanta que te acuerdes de mi mientras buscas positivismo ^^ (LLLL)

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